La mayor parte de las consecuencias nocivas que se relacionan con el cambio del clima se asocian con los extremos – el número de ondas de calor, las inundaciones, las tormentas severas, por nombrar algunos ejemplos. Ya que el clima extremo puede causar daños severos o la muerte de gente, o daño a la propiedad, es importante entender que relación tiene el calentamiento global con su frecuencia y acontecimiento.
El cambio del clima global tiene impactos diferentes en toda región de la tierra. A pesar de que los pronósticos regionales del clima están mejorando, éstos son todavía una incertidumbre. Lo que si sabemos con certeza es que una atmósfera más cálida va a resultar en más tormentas tropicales, ondas de calor extremo, inundaciones y sequías.
La intensidad y la frecuencia de los ciclones han aumentado desde 1970 en el norte del Océano Atlántico, y se espera que esto empeorarán, ya que las tormentas tropicales son impulsadas por factores directamente afectados por el cambio del clima. Lo que causa las tormentas tropicales son las temperaturas oceánicas cálidas, sin tener grandes cambios en la dirección y la velocidad de los vientos, así como un alto índice de humedad. Dos de estos factores han aumentado a causa del calentamiento global: los océanos tienen aguas más cálidas y la humedad y la cantidad del vapor de agua ha aumentado un 4% desde 1970, ya que el aire más cálido puede almacenar más humedad que el aire frío.
Los huracanes ocurren cuando las temperaturas superficiales exceden un 79˚F (ó 26˚C). Conforme el aire húmedo y caliente se eleva, la presión del aire que permanece en la parte inferior o baja jala el aire a su alrededor en un patrón circular y en rotación (en espirales). A continuación, los espirales están repletos de vapor de agua que a la vez se elevan a una mayor altura, esto causa un enfriamiento, o sea que el aire pierde su calor y la humedad se condensa convirtiéndose en lluvia. Los huracanes se nutren de la evaporación y la condensación, lo que atrae al calor oceánico (o energía) al centro de la vorágine.
Los huracanes se han vuelto cada vez más destructivos tanto en el Océano Atlántico como en el Pacífico. En el 2005, un estudio demostró que las velocidades y la duración de los ciclones tropicales en los últimos 30 años han aumentado un 70%. Otro estudio realizado en el 2006 mostró un aumento de un 60% en el poder destructivo de las tormentas tropicales entre 1958 y el 2001. El estudio relacionó el aumento en las temperaturas tropicales superficiales anuales promedio (de .45˚F/.25˚C) a la intensidad y fuerza de las tormentas tropicales. Los niveles mayores de las aguas más cálidas debajo de la superficie acuática también han intensificado las tormentas tropicales porque al elevar las aguas más frías a la superficie detiene a las tormentas tropicales en formación. Sin embargo, cuando ocurrió el Huracán Katrina, y éste tocó las aguas de mayor profundidad del Golfo de México de mayor calidez (no aguas frías), el huracán no se detuvo, sino que tomó más fuerza. Si éste hubiera tocado aguas frías, se hubiera detenido.
En los últimos años, varios acontecimientos han demostrado los impactos que el clima extremo puede tener en el mundo. El Huracán Katrina ocasionó la pérdida total de 338 kilómetros cuadrados (210 millas cuadradas) de áreas pantanales costeñas, malecones e islas. Un total de 1,800 personas fallecieron, 300,000 hogares fueron destruidos, y el total de los daños financieros se calcula fueron de un total de $100 billones de dólares. El tsunami que ocurrió en Asia causó la muerte, o la desaparición, de más de 150,000 personas, y también dejó a millones de damnificados en once países.
El aumento de las ondas de calor y la disminución de los períodos de frío intenso son resultados muy probables del calentamiento atmosférico. El récord climatológico de las últimas décadas confirma esta tendencia. Mientras los inviernos más recientes en América del Norte y Asia han tenido inviernos menos fríos, varias naciones han tenido más ondas de calor que en el pasado. Una onda de calor en mayo del 2002 mató a más de 600 personas en la India, cuando la temperatura llegó hasta los 122˚F (ó 50˚C). Una elevación global en las temperaturas aumenta la posibilidad de que ondas de calor mortales como ésta ocurran.
Una de las consecuencias físicas más importantes de una atmósfera más cálida es el aumento en la capacidad de ésta para absorber la humedad. De acuerdo a la relación Clausius-Clapeyron, la cantidad del vapor de agua que se puede almacenar en la atmósfera aumenta rápidamente con el aumento de la temperatura. Un planeta más caliente será un planeta más húmedo, ya que habrá más evaporación.
El aumento en la frecuencia y la intensidad de las inundaciones sería catastrófico en varias partes del mundo. Quizás no hay ningún país que se enfrenta a un mayor peligro que Bangladesh. Más de 17 millones de personas habitan a una elevación de menos de un metro sobre el nivel del mar (3 pies), y millones más habitan en las orillas planas del Río Ganges y el Río Brahmaputra. Las inundaciones en el pasado han desplazado a millones de personas en Bangladesh, así que si hay más inundaciones, los resultados serían trágicos. Otros países, como China y Vietnam, han ya experimentado inundaciones que han matado a miles de personas, así como causado billones de dólares en daños a la propiedad en los últimos años.
Mientras que la precipitación global se espera aumente conforme continúe el calentamiento global, no toda parte del planeta tendrá más lluvias. La evaporación y la precipitación ocurren en diferentes lugares, y mientras las regiones más húmedas podrían recibir más lluvias si el planeta se calienta, las regiones más secas podrían enfrentarse a una escasez más severa conforme la evaporación ocurra más rápidamente. El Desierto del Sahel, por ejemplo, se ha vuelto un desierto aún más seco en los últimos años, acelerando su desertificación y agravándose así la competencia por los recursos hidráulicos.
Conforme continúa toda investigación acerca de los efectos del cambio del clima global en el clima extremo, es de suma importancia el considerar el costo humano y económico de todo evento de clima extremo. La posibilidad de un aumento en la frecuencia o la intensidad de estos eventos es otra muy buena razón por la cual tenemos que tomar acción para contrarrestar el cambio del clima global.
Traducido por Luisanna Carillo-Rubio